miércoles, 15 de febrero de 2012

MENSAJE DE S.S. BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2012


MENSAJE DEL SANTO PADRE 
BENEDICTO XVI 
PARA LA CUARESMA 2012

«Fijémonos los unos en los otros 
para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)


Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en laesperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.

El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.

Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.

Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).

3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.

Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de noviembre de 2011

BENEDICTUS PP. XVI


jueves, 9 de febrero de 2012

San Juan Bautista de la Concepción

El próximo Domingo día 12 de Febrero a las 19.30 horas en la Parroquia de Santa María del Alcázar y San Andrés Apóstol organizado por la Cofradía del Rescate, se celebrará la Eucaristía en honor de San Juan Bautista de la Concepción, Padre Trinitario, fundador de la orden.

sábado, 28 de enero de 2012

III Congreso Internacional de Comisarios de Tierra Santa


Desde el lunes 30 de enero hasta el sábado 4 de febrero se celebrará en Jerusalén el III Congreso internacional de Comisarios de Tierra Santa, un evento de gran importancia que se incluye en el marco de encuentros periódicos que los comisarios de Tierra Santa realizan para compartir, actualizar e intercambiar experiencias, según se recoge en la normativa custodial. Los comisarios son figuras preciosas; se podrían definir como los «embajadores» de la Custodia de Tierra Santa y trabajan como «puentes» entre esta última y los territorios a ellos asignados, es decir, las distintas provincias a las que pertenecen. Son, por tanto, los representantes de la Custodia en el mundo y trabajan constantemente para sostenerla y ayudarla en su misión, trabajando en distintos frentes: dar a conocer y amar la Tierra Santa a través de la promoción en su territorio; organizar y animar peregrinaciones; recoger ayudas económicas y cuidar de las vocaciones orientadas a la Tierra Santa.

Los congresos internacionales son citas muy esperadas y cuidadosamente preparadas que se celebran, por decisión del Discretorio, cada 6 años y que cumplen con la importante misión de acercar la realidad de la Custodia y la de los comisarios, desarrollando y reforzando el diálogo entre las partes, intentando responder de esta forma a las respectivas expectativas. Precisamente, para intensificar estas relaciones se ha creado, hace algunos meses, la Oficina custodial para la Coordinación de los Comisarios de Tierra Santa, promovida y recomendada por el anterior Congreso internacional de Comisarios, celebrado en el año 2006. Se trata de una oficina del todo nueva en la historia de la Custodia que nace para servir de ayuda al gobierno custodial en sus relaciones con los comisarios y en la animación de los mismos y que tiene entre sus funciones principales, precisamente, la de organizar los congresos internacionales periódicos.

En el respeto a la internacionalidad, que es una característica ya histórica de la Custodia de Tierra Santa, también el Congreso de comisarios que se celebrará en breve contará con la intervención de alrededor de 110 participantes que proceden de todo el mundo y entre los que se cuentan el Ministro General de la Orden, fray José Rodríguez Carballo -que estará presente todo el tiempo que duren los trabajos del congreso-, la Curial general, la Comisión económica, la Curia custodial, los comisarios, los vicecomisarios, los expertos, colaboradores, traductores, secretarios, fotógrafos y periodistas. Un variado y complejo grupo como es el que representa la realidad franciscana en las más diveras lenguas, culturas y tradiciones, unidas sin embargo en el común empeño de servir a la Tierra Santa.

El programa de trabajo del Congreso, dividido en 21 sesiones, está enfocado a la concreción, comunicación y puesta en común de estrategias apropiadas de intervención ante algunos importantes y urgentes problemas que afecta a la Custodia y a los comisarios. Las materias a tratar comprenden algunos temas principales para los que se prevé la participación de expertos y que concluirá con la formulación de, al menos, tres preguntas que sirvan para orientar el trabajo posterior de los distintos grupos lingüísticos, que comunicarán sus propias conclusiones a la asamblea para su discusión; y otros temas secundarios que se tratarán mediante breves exposiciones encaminadas a informar sobre algunos sectores de la vida de la Custodia. 

Las lenguas previstas para el desarrollo de los trabajos son el italiano, el inglés y elespañol. Los tres temas principales que se someterán a la atención de los comisarios durante este próximo congreso internacional son: 

la situación económica de la Custodia y la contribución de los comisarios, una reflexión sobre la situación de crisis e incertidumbre económica global que hace que la Custodia de Tierra Santa tenga que afrontar aún mayores dificultades, pues las necesidades están en aumento mientras que la ayuda y los recursos tienden a disminuir; las nuevas estrategias de comunicación de la Custodia, un punto que pretende responder a las nuevas expectativas y exigencias comunicativas actuales, para las que las estrategias tradicionales ya no son suficientes y es necesario buscar nuevas modalidades comunicativas, instrumentos y contenidos originales para dar a conocer, apreciar y amar la Tierra Santa; los aspectos pastorales y prácticos de la animación de las peregrinaciones, con la elaboración de un texto que sirva de referencia, es decir, una guía de trabajo, un manual que ayude a los comisarios a la hora de poner en práctica las indicaciones del Gobierno custodial y ofrecer así un servicio de calidad a la Tierra Santa y a los peregrinos que la visitan.

En particular, un esbozo de este texto de referencia ya se envió a los comisarios con el fin de que pudieran empezar a examinarlo y volverá a ser presentado a la asamblea plenaria durante el congreso por fray Giorgio Vigna, responsable de la recién nacida Oficina para la Coordinación de los Comisarios de Tierra Santa. Los grupos lingüísticos llevarán a cabo, posteriormente, un profundo trabajo de revisión y reelaboración de dicho esbozo de la guía que, al final, será sometido a la discusión y aprobación de una comisión designada a tal efecto. Al finalizar este proceso, el texto se entregará al Discretorio para su posterior aprobación y, finalmente, se transmitirá al Ministro general de la Orden.

Además, el congreso elaborará un documento final con los trabajos realizados, -también este documento será examinado por una comisión creada para tal propósito- en el que se indicarán los puntos asumidos como funciones propias por las partes afectadas, la Custodia y los comisarios.

Sede del Congreso: Convento de San Salvador

El Convento de San Salvador se encuentra al este de la Puerta Nueva, dentro de los muros de la ciudad, la calle San Francisco 1. Entrar en la Puerta Nueva
ST. FRANCIS STREET 1
NEW GATE
P.O.B. 186
91001 Jerusalem ISRAEL

(Fuente: Custodia de Tierra Santa)

jueves, 26 de enero de 2012

III Congreso Nacional sobre Capataces y Costaleros

 Nos ha llegado la información sobre el III Congreso Nacional sobre Capataces y Costaleros, que con el patrocinio de la Universidad Pablo de Olavide y del Consejo General de Cofradías de Sevilla, se desarrollará en la capital hispalense entre el 15 y el 17 de febrero próximo.

Este es el programa a desarrollar en la sede del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla (C/ San Gregorio)
Miércoles 15 de febrero

17.00 - 17.30 PRESENTACIÓN
17.30 - 18.30 "Las cofradías andaluzas de los siglos XV y principios del XVI" Dra. D. Silvia Mª Pérez González.
18.30 - 19.30 "Pasarela Sierpes: todo sobre la moda costalera" D. Manuel Gómez y Valencia.
DESCANSO
19.30 - 20.30 "La Física de la carga de pasos" Dr. D. Luis Esquivias Fedriani.
20.30 - 21.30 "Fuentes documentales para la reconstrucción del mundo de las trabajaderas" Dr. D. Antonio López Gutiérrez.

Jueves 16 de febrero

17.00 -18.00 "Aspectos históricos, sociales y antropológicos de las cuadrillas de costaleros". D. Mariano López Montes.
18.00 - 19.00 "La motivación del costalero". Dr. D. Rafael Moreno Rodríguez.
19.00 - 19.30 DESCANSO
19.30 - 20.30 "Factores que influyen en la labor del costalero". Dr. D. Moisés Ríos Bermúdez.
20.30 - 21.30 "Los Ariza. Cien años de historia". Familia Ariza.

 
Viernes 17 de febrero

17.00 -18.00 "Influencia de los capataces y costaleros sevillanos en la Semana Santa de Jerez" D. Antonio de la Rosa Mateos.
18.00 - 19.00 "El costalero onubense: composición corporal y adecuación al trabajo". Dr. D. José Arenas Fernández. D. José Miguel Robles Romero.
19.00 - 19.30 DESCANSO
19.30 - 20.30 “Relación entre el cansancio final y la aparición de éste durante el recorrido procesional. Estudio en Portadores de Trono de Málaga”. D. José Antonio Poblete Flor.
20.30 - 21.30 "La preparación física de los costaleros y del paso: Aplicación práctica". D. David Sánchez Latorre. D. Ramón Fuentes Escalzo.
21.30-22.00 CLAUSURA

Lugar: Sede del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla 
Días: del 15 al 17 de febrero de 2012

INSCRIPCIÓN GRATUITA A TRAVÉS DEL CORREO ELECTRÓNICO: jgavgon@upo.es







Mensaje de S.S. Benedicto XVI para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI

PARA LA XLVI JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
“Silencio y Palabra: camino de evangelización”

Queridos hermanos y hermanas:

Al acercarse la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de 2012, deseo compartir con vosotros algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces se olvida y hoy es particularmente necesario recordar. Se trata de la relación entre el silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas. Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente, la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o porque, por el contrario, crea un clima de frialdad; sin embargo, cuando se integran recíprocamente, la comunicación adquiere valor y significado.

El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos. Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena. En el silencio, por ejemplo, se acogen los momentos más auténticos de la comunicación entre los que se aman: la gestualidad, la expresión del rostro, el cuerpo como signos que manifiestan la persona. En el silencio hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa. Del silencio, por tanto, brota una comunicación más exigente todavía, que evoca la sensibilidad y la capacidad de escucha que a menudo desvela la medida y la naturaleza de las relaciones. Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Una profunda reflexión nos ayuda a descubrir la relación existente entre situaciones que a primera vista parecen desconectadas entre sí, a valorar y analizar los mensajes; esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido. Por esto, es necesario crear un ambiente propicio, casi una especie de “ecosistema” que sepa equilibrar silencio, palabra, imágenes y sonidos.

Gran parte de la dinámica actual de la comunicación está orientada por preguntas en busca de respuestas. Los motores de búsqueda y las redes sociales son el punto de partida en la comunicación para muchas personas que buscan consejos, sugerencias, informaciones y respuestas. En nuestros días, la Red se está transformando cada vez más en el lugar de las preguntas y de las respuestas; más aún, a menudo el hombre contemporáneo es bombardeado por respuestas a interrogantes que nunca se ha planteado, y a necesidades que no siente. El silencio es precioso para favorecer el necesario discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos, para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes. Sin embargo, en el complejo y variado mundo de la comunicación emerge la preocupación de muchos hacia las preguntas últimas de la existencia humana: ¿quién soy yo?, ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué puedo esperar? Es importante acoger a las personas que se formulan estas preguntas, abriendo la posibilidad de un diálogo profundo, hecho de palabras, de intercambio, pero también de una invitación a la reflexión y al silencio que, a veces, puede ser más elocuente que una respuesta apresurada y que permite a quien se interroga entrar en lo más recóndito de sí mismo y abrirse al camino de respuesta que Dios ha escrito en el corazón humano.

En realidad, este incesante flujo de preguntas manifiesta la inquietud del ser humano siempre en búsqueda de verdades, pequeñas o grandes, que den sentido y esperanza a la existencia. El hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo, sobre todo en nuestro tiempo en el que “cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2011)

Hay que considerar con interés los diversos sitios, aplicaciones y redes sociales que pueden ayudar al hombre de hoy a vivir momentos de reflexión y de auténtica interrogación, pero también a encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración, meditación y de compartir la Palabra de Dios. En la esencialidad de breves mensajes, a menudo no más extensos que un versículo bíblico, se pueden formular pensamientos profundos, si cada uno no descuida el cultivo de su propia interioridad. No sorprende que en las distintas tradiciones religiosas, la soledad y el silencio sean espacios privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y con la Verdad que da sentido a todas las cosas. El Dios de la revelación bíblica habla también sin palabras: “Como pone de manifiesto la cruz de Cristo, Dios habla por medio de su silencio. El silencio de Dios, la experiencia de la lejanía del Omnipotente y Padre, es una etapa decisiva en el camino terreno del Hijo de Dios, Palabra encarnada… El silencio de Dios prolonga sus palabras precedentes. En esos momentos de oscuridad, habla en el misterio de su silencio” (Exhort. ap. Verbum Domini, 21). En el silencio de la cruz habla la elocuencia del amor de Dios vivido hasta el don supremo. Después de la muerte de Cristo, la tierra permanece en silencio y en el Sábado Santo, cuando “el Rey está durmiendo y el Dios hecho hombre despierta a los que dormían desde hace siglos” (cf. Oficio de Lecturas del Sábado Santo), resuena la voz de Dios colmada de amor por la humanidad.

Si Dios habla al hombre también en el silencio, el hombre igualmente descubre en el silencio la posibilidad de hablar con Dios y de Dios. “Necesitamos el silencio que se transforma en contemplación, que nos hace entrar en el silencio de Dios y así nos permite llegar al punto donde nace la Palabra, la Palabra redentora” (Homilía durante la misa con los miembros de la Comisión Teológica Internacional, 6 de octubre 2006). Al hablar de la grandeza de Dios, nuestro lenguaje resulta siempre inadecuado y así se abre el espacio para la contemplación silenciosa. De esta contemplación nace con toda su fuerza interior la urgencia de la misión, la necesidad imperiosa de “comunicar aquello que hemos visto y oído”, para que todos estemos en comunión con Dios (cf. 1 Jn 1,3). La contemplación silenciosa nos sumerge en la fuente del Amor, que nos conduce hacia nuestro prójimo, para sentir su dolor y ofrecer la luz de Cristo, su Mensaje de vida, su don de amor total que salva.

En la contemplación silenciosa emerge asimismo, todavía más fuerte, aquella Palabra eterna por medio de la cual se hizo el mundo, y se percibe aquel designio de salvación que Dios realiza a través de palabras y gestos en toda la historia de la humanidad. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la Revelación divina se lleva a cabo con “hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas” (Dei Verbum, 2). Y este plan de salvación culmina en la persona de Jesús de Nazaret, mediador y plenitud de toda la Revelación. Él nos hizo conocer el verdadero Rostro de Dios Padre y con su Cruz y Resurrección nos hizo pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la libertad de los hijos de Dios. La pregunta fundamental sobre el sentido del hombre encuentra en el Misterio de Cristo la respuesta capaz de dar paz a la inquietud del corazón humano. Es de este Misterio de donde nace la misión de la Iglesia, y es este Misterio el que impulsa a los cristianos a ser mensajeros de esperanza y de salvación, testigos de aquel amor que promueve la dignidad del hombre y que construye la justicia y la paz.

Palabra y silencio. Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo. A María, cuyo silencio “escucha y hace florecer la Palabra” (Oración para el ágora de los jóvenes italianos en Loreto, 1-2 de septiembre 2007), confío toda la obra de evangelización que la Iglesia realiza a través de los medios de comunicación social.

 
Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales

(Fuente: El Vaticano)

martes, 17 de enero de 2012

ORATIO, "Ayúdame a cargar mi Cruz"




    El Grupo Joven de la Hermandad ha programado una segunda convocatoria ante Jesús Sacramentado, la misma tendrá lugar el próximo viernes, 20 de enero, y como en la anterior Adoración al Santísimo, S.D.M. será expuesto en nuestra capilla ante nuestros Sagrados Titulares.

   Desde aquí invitamos a todos los cofrades y fieles a compartir con nuestros jóvenes una hora de oración ante Jesús Sacramentado, y para ayudar en la oración se ha elegido el tema: "Ayúdame a cargar mi cruz", tema muy de actualidad ya que todos podemos tener familiares que estén pasando dificultades de salud, emocionales y en estos momentos de crisis también económicas y laborales; pues como nos dijo “Pedid y recibiréis” (cfr. Mt 7, 7-12) Jesús nos anima a pedir, ya que con toda seguridad seremos escuchados, y recibiremos lo que hayamos pedido. Frente a nosotros se abre entonces una posibilidad insospechada: el cielo está atento a nuestros pedidos. Nos recuerdan las palabras del ángel de Portugal a los pastorcitos: “¡Orad! Los Corazones de Jesús y de María están atentos a vuestros pedidos”.

DIA: 20-01-2012
HORA: 20:30 - 21:30
LUGAR: Capilla Hdad. Oración en el Huerto, Comunidad Parroquial de Sta. Mª del Alcázar y San Andrés Apóstol


ALABADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR
SEA POR SIEMPRE, BENDITO Y ALABADO

¡¡ OS ESPERAMOS A TODOS !!

viernes, 13 de enero de 2012